El pasado diciembre en la reunión de otoño de la American Geophysical Union en San Francisco, el científico del proyecto MSL John Grotzinger habló sobre lo que el equipo había aprendido en Yellowknife Bay, y por qué se detendrían y taladrarían de nuevo en un lugar denominado “Kimberley”.
Los montículos en Yellowknife Bay habían sido expuestos recientemente—para un geólogo—hace menos de 100 millones de años. Dedujeron que esto se debió a la erosión de las capas superiores por la acción del viento, y que incluso épocas más recientes podrían encontrarse expuestas cerca del escarpe.
Esto es importante porque Marte no tiene magnetosfera ni una atmósfera densa como la de la Tierra, que nos protege de las partículas energéticas del espacio que rompen el material orgánico. Como consecuencia, las rocas que han estado durante mucho tiempo cerca de la superficie de Marte (geológicamente hablando) tienen menos posibilidades de contener material orgánico complejo. El material orgánico complejo puede ser resto de vida pasada, o al menos puede proporcionarnos información sobre la habitabilidad en el pasado. Y cuando decimos habitabilidad nos referimos a la posibilidad de soportar vida, tanto si la vida existió realmente en ese lugar como si no.
El róver había abandonado Yellowknife Bay y ya no iba a dar la vuelta, pero más adelante, en dirección a Aeolis Mons, hay escarpes similares. El pasado diciembre ya habían elegido su próximo objetivo, Kimberley, donde han llegado recientemente, en parte porque también posee lo que parecen ser escarpes geológicamente recientes.
Esta nueva imagen de HiRISE muestra al róver aproximándose a los escarpes.
Traducción: Felipe Gallego